viernes 26 de febrero de 2010
JUAN NECESITA UN CORAZÓN ¿No es una forma de perdurar, que nuestro corazón siga latiendo en otro pecho?
Jorge Carozo (Director)
Nos ha visitado la Sra. Fabiana Silva. Su esposo, Juan Machado tiene 38 años y hasta hace unos meses vendía salud. Juan trabajaba en una empresa de distribución de frutas y verduras y ambos tienen un pequeño hijo de 3 años.
Además hacía deportes y siempre tuvo una excelente salud, hasta que un día comenzó a sentirse mal y luego de varios análisis y consultas descubrió que le había aparecido una enfermedad progresiva en el corazón, que por causas que se desconocen comenzó a debilitarse, hasta que tuvo que dejar de trabajar y hacer quietud absoluta para poder sobrevivir tomando medicamentos y con diversos tratamientos.
Los cardiólogos que han estudiado su caso, llegaron a la conclusión que la única posibilidad de mantenerlo con vida es consiguiendo un donador de órganos para hacerle un trasplante, porque su mal no tiene cura. Estuvo internado en el Sanatorio de Comta, luego en el Americano y actualmente su necesidad de un trasplante es tan urgente que está primero en la lista de espera de todo el país, por un corazón que sea compatible con su organismo.
Fabiana, una mujer trabajadora y apreciada en Tacuarembó por sus condiciones como persona, visitó nuestra Redacción y tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano la situación de su familia. Pero en Uruguay es muy difícil conseguir donadores de órganos porque en ocasiones los enfermos se niegan a aceptarlo y en algunos casos, aunque el paciente lo firme antes de ingresar una sala operatoria, los familiares se oponen y resulta imposible proceder al trasplante.
Ella nos dice que no puede conformarse y quedarse quieta esperando que aparezca un donante, aunque Juan figura primero en la lista de espera del país por un corazón, está buscando hacer conocer su problema para que más gente tome conciencia de la necesidad de que haya donantes de órganos para salvar la vida de tantas personas que están a la espera de un trasplante que puede permitirles volver a vivir normalmente.
"Como Juan hay muchos otros Juanes que esperan por un órgano, hay muchos padres, hijos, hermanos que esperan la posibilidad de conseguir un donante de un órgano vital para un ser querido", nos decía Fabiana, resultándole difícil contener las lágrimas, "pero a la hora de decidir por la donación de órganos de un paciente, que está probablemente en un CTI, con muerte cerebral y sin esperanzas, tienen prejuicios, tabúes para tomar la decisión que puede salvar otra vida."
¿Por qué donar sangre es tan fácil y común y donar un órgano de quien ya no tiene vida resulta tan discriminado? Después de todo, la sangre no es más que otro órgano de nuestro cuerpo, como la piel, el hígado o los riñones, y ese trasplante que puede salvar la vida de otro y devolver la felicidad a una familia no causa absolutamente ningún daño a nadie. En otros países más adelantados es una cosa común, en cambio en Uruguay, hay como un prejuicio, un miedo a donar esos órganos, que después de todo quedan en un ataúd donde se perderán para siempre. Sin embargo, en el cuerpo de otra persona, una parte del fallecido sigue viviendo, sigue latiendo, ¿no es una forma de permanecer, de prologar algo de nosotros mismos luego de lo inevitable, de hace una obra de bien que tal vez nunca en la vida se nos ha dado? ¡Salvar la vida de otra persona: qué privilegio maravilloso! Ser la causa de que otro ser humano pueda vivir…
"Especialmente en el caso del corazón, hay quienes resisten la espera y otros que no, porque el desánimo puede provocar su fin antes de tiempo."
Ante nuestra pregunta si no había solicitado ayuda económica dada su situación angustiante, para los viajes, la falta de trabajo de Juan, siendo que ambos son trabajadores. Fabiana dijo que no necesita dinero, que lo único que quiere es que dada una situación terminal, alguien piense que un órgano de sí mismo o de su ser querido puede salvar una vida.
Actualmente Juan está con internación domiciliaria, tomando 10 medicamentos diariamente para mantenerse con vida y su única esperanza es que aparezca un donante para volver a jugar con su hijito, para verlo crecer, para probablemente tener otros. Pero esa espera, esa imposibilidad de trabajar o hacer algo lo hace empeorarse día a día y su esposa teme que la donación no llegue a tiempo. Cuando empeora, deben internarlo para realizarle tratamientos intensivos hasta que mejora temporariamente.
Hemos consultado a su cardiólogo, quien nos confirmó el estado del paciente y nos dijo que es bastante difícil en Uruguay, lo que en otros países es muy habitual. La gente aún no se ha concientizado de la necesidad de órganos para tantos pacientes que esperan poder vivir o mejorar su calidad de vida y también nos dijo que a veces el órgano no es compatible con el organismo del enfermo o no está en las condiciones necesarias. Otras veces hay pacientes que fallecen en un accidente, pero los familiares no permiten la utilización del órgano para salvar otra vida.
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