viernes 29 de enero de 2010
Los espacios públicos
(2ª parte)
Que la Plaza Colón se haya convertido en "tierra de nadie" es decir poco: en realidad se ha convertido en un muladar (basurero); y si -como pretenden algunos- se llegaran a hacer baños… entonces podría convertirse en un lupanar (prostíbulo).
En verdad que si ha sido "invadida" por beodos, drogadictos y pendencieros, es gracias a una sociedad incapaz de educar, poner límites, corregir y "castigar", y en la cual todo está permitido.
Hace más de 20 años que vienen sucediéndose hechos públicos que miramos con indiferencia, si no es para -después- poner el grito en el cielo y quejarnos de que "la juventud está perdida".
Esta actitud cómoda y permisiva de nosotros, los adultos, revela una profunda falla en nosotros mismos, que somos los responsables de educar a las nuevas generaciones. Ya lo dijo un escritor latino, anterior a la era cristiana: "Educad al niño, y no tendréis que castigar al hombre" (Terencio).
Otro adagio popular dice: "Quien de niño destruye nidos, de grande incendia poblados". Y más cerca de nosotros, la incomparable Madre Teresa de Calcuta afirmaba que: "La guerra y la paz, comienzan en el hogar".
Pero, ¿cómo vamos a educar, si nos hemos "deseducado"? Es decir: perdimos los principios y valores que nos inculcaron nuestros mayores, en una actitud pueril de "temor a no estar actualizados". Olvidamos la sabiduría de comprender que cada generación tiene sus propios patrones de comportamiento, que, mientras no dañen al conjunto de la sociedad, son válidos… Para ellos, los adolescentes y jóvenes, pero no para nosotros, adultos, pues -se supone- ya estamos formados, y no hay nada más ridículo que cuarentones, cincuentones y sesentones queramos parecer de 15, 18 o 20 años…
Estamos en presencia de una "Tinelli-zación", y lo vemos en todos los órdenes de la vida pública: en la magnificación de las palabras soeces; burlarse de todo el mundo; no tomarse nada en serio; "tocar" todo lo que se pueda…
Estamos llegando a una cultura hedonista (además de consumista): si hay placer, si se puede gozar… ¡entonces está todo bien! Si no lo hacemos es que somos amargados, reprimidos, poco menos que "masoquistas", y en esto tienen una grave responsabilidad los medios masivos de comunicación, particularmente la televisión, con sus películas de violencia y sexo; sus 4 0 5 telenovelas diarias (todas más o menos iguales…), sus propagandas filo consumistas y descaradamente eróticas y alcoholistas ( "Lo importante es lo de adentro" ).
Que muchachas y muchachos se comporten como lo hacen, no es de extrañarse, con tanto bombardeo de sexo, drogas, agresiones, enredos, rencor, envidia, fealdad, chabacanería y todo lo que signifique trasgresión; máxime cuando sus hogares no se constituyen en centros educativos y sociales, y así no tienen espejos en qué mirarse ni ejemplos de vida que convenzan.
¿Estamos ante una nueva rebeldía generacional, como la de los hippies de los años sesenta, por ejemplo? ¡NO! Estamos en presencia de una decadencia moral como nunca la hubo en la cultura occidental. Y no es achacable a la situación económica, porque, como bien lo dijo el ex presidente Jorge Batlle: "Ser pobre no es sinónimo de ser delincuente", y vemos que en esta amoralidad generalizada no hay diferencias de clases sociales, ni de género, ni económicas.
(Continuará).
"Con libertad, ni ofendo ni temo". Jesús H. Duarte
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