Desiderata

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Jorge Carozo Barcelona (Director)

"Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio. Vive en buenas relaciones con todas las personas, todo lo que puedas, sin rendirte.

Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás; incluso al aburrido y al ignorante; ellos también tienen su propia historia. Evita a las personas ruidosas y agresivas, sin vejaciones al espíritu. Si te comparas con otros, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.

Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés por tu propia carrera, por humilde que sea; es una verdadera fortuna en las cambiantes vicisitudes de los tiempos. Sé cauto en tus negocios, porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por eso te ciegues a la virtud que, sin duda, existe. Mucha gente lucha por altos ideales y, en todas partes, la vida está llena de heroísmo.

Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico en el amor, porque frente a toda aridez y desencanto, el amor es perenne como la hierba.

Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando con donaire a las cosas de la juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en las desgracias repentinas. Pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y de la soledad. Junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo.

Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debiera. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas.

Y cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, mantén en la ruidosa confusión, paz con tu alma. Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, éste sigue siendo un mundo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate en ser feliz".

(Encontrado en la vieja Iglesia de Saint Paul, Baltimore, 1693)

Quién habrá sido el sabio monje que escribió estos consejos para quienquiera que los encontrara y supiera entenderlos y apreciarlos. Intentar aplicarlos en una vida llena de premuras, de prejuicios, de esfuerzos inútiles, donde no se sabe conseguir el tiempo para conocer a los demás y a uno mismo.

¿Nunca les ha pasado que encuentran a alguien con quien quisieran permanecer, para escucharlo, para mirar su rostro, para apreciar su calma y su dulzura personal?

Uno pasa los días de la vida y siente una especie de rumor en las arterias y en la piel, que llega hasta los huesos. Durante años, mi vida venía marcada por horarios de clases, fechas de exámenes, obligaciones, cursos, entrevistas, juegos, diversiones… Más tarde trabajos, rutinas, rabietas, discusiones, peleas, tantas cosas que olvidar: equivocaciones, errores, acciones que quisiéramos borrar de nuestra historia, pero no se puede… Lo hecho, hecho está.

Pero no hay que confundir actividad con atolondramiento, ni ignorar nuestros rasgos de la personalidad y del carácter que hemos ido conformando a partir del temperamento por medio de la educación y del acceso a fuentes de conocimiento.

Todo esto nos ha quitado tiempo de estar, de escuchar el viento, de sentarnos en la arena y mirar las olas del mar, de bajarnos del caballo para apoyarnos en la barranca de un arroyo y mirar correr el agua y escuchar su suave rumor.

Tuve todo eso un tiempo que ahora me parece fugaz, cuando viví en el campo, y lo perdí por volver a vivir en la ciudad. Otra vez las obligaciones, la prisa por hacer las cosas, otra vez la rutina, porque al fin uno parece ser un eslabón más de una cadena y si dejas de hacer lo que haces todos los días, sientes que algo no funcionará.

Pero seguramente estamos equivocados, porque un día no podremos hacerlo y todo seguirá igual, nada pasará. Alguien ocupará tu lugar y las cosas seguirán funcionando, peor o mejor pero funcionarán, porque así es el mundo en que vivimos.

Pero al fin es necesario tener un tiempo de soledad o al menos esa soledad en familia, con tu mujer, con tus hijos, donde estamos juntos pero también compartimos nuestros silencios, nuestro tiempo para pensar, para orar por un amigo o por un familiar.

Hoy será un día que tendré que tomarme ese tiempo de soledad, por mi amigo del alma que estará en el quirófano en una operación de riesgo. Tendré que orar y al mismo tiempo encontrar la fe para confiar que Dios guiará a quienes lo intervendrán y salvarán su vida, para volver a estar con él y poder compartir juntos buenos momentos, como tantos que hemos tenido.

Lo mejor es levantar el espíritu y decir: "Lo pongo en Tus manos Señor, porque sé que mañana estará bien".

 

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