Opinion

Dgi-Casal ¿y aquí no ha pasado nada?

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••Viernes•, 06 de •Diciembre• de 2013 10:02•

 


Pablo Mieres

El gobierno decidió llegar a un acuerdo con el empresario Francisco Casal por el que deja sin efecto su reclamo y su denuncia ante la justicia que comenzó siendo por U$ 100 millones de dólares y que hace ya un tiempo se había reducido sustancialmente a U$ 10 millones de dólares. Lo hizo fundamentado en la opinión de numerosos expertos en derecho tributario y en el dictamen del Fiscal de Gobierno, Dr. Daniel Borrelli, que coincide en señalar que la actuación de la Dirección General Impositiva fue notoriamente equivocada y que se habría incurrido en abuso de poder.

El dictamen es tan contundente que se señala que en caso de no llegar a un acuerdo con el empresario, el Estado se expondría a una contrademanda millonaria con altas posibilidades de perder. A tal punto es adversa la evaluación del Fiscal de Gobierno sobre lo actuado por la DGI que sostiene que el Estado podría repetir contra el patrimonio de los jerarcas que impulsaron esta actuación supuestamente indebida.

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Para vivir, hay que encender el cerebro

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••Viernes•, 06 de •Diciembre• de 2013 09:55•

 

Errores médicos y estilos de pensamiento

Economía y salud. A partir de una experiencia personal, la autora de esta nota concluyó que ante los errores de diagnósticos médicos, uno debe tomar las cuestiones vitales con serenidad y conocimiento.

Por Noreena Hertz

Hace seis años contraje una enfermedad misteriosa. Perdí quince kilos en tres meses. Tenía un dolor agudo en el estómago, me sentía agotada y, por mucho que comiera, no aumentaba ni un kilo.

Pasé de ser delgada a ser flaca y luego escuálida. El dolor se acentuó y se convirtió en un calor ardiente en el abdomen que me hacía doblarme en dos en público y en privado. Cumplir con mis deberes académicos y profesionales se me hizo cada vez más difícil. Era aterrador. No sabía si tenía una enfermedad que me iba a matar o me acompañaría toda mi vida o si era algo que podía curarse, si podía averiguar qué diablos era.

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Hace 30 años, aquel día inolvidable de un año inolvidable

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••Viernes•, 29 de •Noviembre• de 2013 08:52•

 

Pablo Mieres

Difícilmente exista en mi vida un motivo de mayor orgullo que haber formado parte del estrado en el Acto del 27 de noviembre de 1983. Integraba en ese entonces la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano como Secretario General de la Juventud Demócrata Cristiana, tenía 24 años y la dictadura, como a todos los demás integrantes de mi generación, nos había robado la libertad desde el comienzo de la adolescencia; razón más que suficiente para juramentarnos en el esfuerzo por su derrota.

Recuerdo aquel hermoso domingo de fines de noviembre cuando la gente irrumpió maravillosamente extendiéndose desde el estrado hacia atrás del Obelisco rumbo al Parque Batlle. La multitud superó todas las expectativas. Desde arriba del estrado no se podía ver el final del "río de libertad" que el querido Pepe Pla fotografió para la historia subido a uno de los pisos más altos de un edificio ubicado en la esquina de 18 de Julio y Bulevar Artigas.

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De extrema urgencia

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••Viernes•, 29 de •Noviembre• de 2013 08:50•

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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Tenemos que acabar con la corrupción antes de que acabemos todos formando parte de ella. Con extrema urgencia, debemos luchar por un mundo más limpio de corazón, más auténtico y con mayor encarte de transparencia, que nos aleje de la podredumbre avasalladora, para asegurar el valor de la vida humana. De una vida con dignidad al menos. No es cuestión de legislar más. Muchas son las leyes en un hábitat descompuesto. Es cuestión de generar otras conciencias, otras culturas, otros pensamientos más respetuosos con el ser humano. La situación me repele. Nadie respeta a nadie que no sea poder. Nadie considera a nadie que no tenga mando. Hemos convertido el planeta en una selva de potestades. Sálvese el que pueda. Los ríos de violencia desprecian la sonrisa de un inocente. Cada día son más los ciudadanos que caminan con la tristeza como compañera de viaje. Y no es por vicio. Las desigualdades son cada vez más patentes. El potencial de falsedades nos dejan sin aliento. Cuando se vive en la mentira permanente se disipa la alegría, porque no hay verdad que nos gobierne.

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